JUEGOS Y ENFERMEDADES RARAS

JUEGOS Y ENFERMEDADES RARAS

MONTSERRAT CABREJAS DEL CAMPO Y ANA SANTAMARÍA HERRERA, MAESTRAS DE EDUCACIÓN INFANTIL DEL CREER

Cuando oímos la palabra “JUEGO”, instintivamente la relacionamos con la palabra “NIÑO/A”. Esto es lógico, ya que muchas de las definiciones que encontramos sobre el juego, incluyen al niño/a dentro de ella.
UNICEF (2006): “El juego es indispensable para el crecimiento psíquico, intelectual y social del niño; es una necesidad para su desarrollo” (Euceda, 2007).

“Los juegos tienden a construir una amplia red de dispositivos que permiten al niño la asimilación de toda la realidad, incorporándola para revivirla, dominarla o compensarla” (Piaget J., 1982).

Jugar responde a la necesidad de los niños de mirar, tocar, inventar, expresar, soñar … Supone la principal actividad de la vida infantil y constituye el deseo de vivir y disfrutar de la vida, con actitud de iniciativa y descubrimiento, como impulso vital y fuente de alegría expresados mediante la actividad libre y espontánea que supone jugar” (El juego en la edad escolar. Vázquez, R.).

Por otro lado cuando escuchamos conceptos como Enfermedades Raras en la infancia, niños/as con Enfermedades Raras, estos van asociados a otras palabras como necesidades, abordaje interdisciplinar, biopsicosocial, terapias, discapacidad,…

Los recientes estudios sobre el colectivo del alumnado con Enfermedades Raras ponen de manifiesto que tienen necesidades sanitarias, sociales y educativas (Fernández Hawrylak, M. Revista Inclusión Educativa. Volumen 7, nº 3).

Las Enfermedades Raras son un desafío para la sociedad que requiere intervenciones interdisciplinares para abordar su impacto sobre los niños y sus familias (Castro, A. García-Ruiz, R. Revista: REICE).
En referencia a la población en edad escolar, una quinta parte está escolarizada en Centros de Educación Especial (FEDER, Estudio ENSERio).

Es cierto, que en muchas ocasiones los menores que tienen una Enfermedad Rara llevan asociadas estas necesidades, pero no olvidemos que ante todo son niños/as y tienen las mismas necesidades que los demás.

Por lo tanto, busquemos un equilibrio adecuado para todos ellos y aprovechemos los beneficios que nos ofrece el juego.

A los niños, el juego les va a ayudar a liberarse de sus problemas, inquietudes y cansancio. Les prepara para el dominio de las funciones fisiológicas y psicológicas ya que tiene una función expresiva a nivel consciente pero también canaliza conflictos inconscientes. Y por supuesto destacar la función social del juego, relación con iguales, con adultos,…

Para nosotros, los adultos o profesionales que trabajamos con menores con una enfermedad rara, el juego se convierte en una extraordinaria metodología de trabajo que nos brindan amplias oportunidades de desarrollo y aprendizaje. El juego no es algo exclusivo de una etapa o edad, tampoco hace referencia a un aspecto o área de trabajo, sino que a través de él podemos abarcar las diferentes etapas del desarrollo evolutivo y favorecer el desarrollo de aspectos motores, cognitivos, sensoriales, sociales, comunicativos, conductuales.

Educar, crecer, avanzar de forma integral no está relacionado únicamente con el esfuerzo, el trabajo, la dedicación, sesiones,… Sino que también tiene un papel importante la creatividad, la imaginación, la fantasía, lo emocional, el JUEGO.

Por todo lo anteriormente expuesto, consideramos que el juego es fundamental para los menores, entonces no es una pérdida de tiempo. Por lo tanto, dejemos tiempo a los niños con Enfermedad Rara para que puedan JUGAR.

Las Maestras del CREER queremos añadir una nueva palabra a sus necesidades: “Estos niños tienen necesidades sanitarias, sociales, educativas,… y de JUEGO”.

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